Historia


El marco de la Villa

La Villa de Aoiz se encuentra en la margen derecha del río Irati y está situada al norte del valle de Lónguida, al pie de la sierra de Zariquieta y a 28 Km. de Pamplona, centrada en el marco geográfico del valle de Lónguida.

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Al sur de la villa sobresale la cumbre de Izaga (1.352 m.) y las sierras de Gongolaz e Idoate. Desde el llano de Aoiz se hace más amplio el horizonte hacia oeste y suroeste, ofreciendo paso abierto en ambas direcciones de la Cuenca Pamplona-Lumbier.

El término municipal de Aoiz tiene una extensión de 13,36 km2 y 504 metros de altitud en el núcleo de las viviendas.
La villa se sitúa en su centro, sobre una terraza aluvial de tierras arcillosas y areniscas con pronunciado corte hacia el río.

El río Irati, arteria de la región, surca los términos de Aoiz. Posee un clima propio de la baja montaña participando en los caracteres climáticos pirenaicos, sobre todo en invierno, frío y húmedo. Las precipitaciones de nieve son muy inferiores a las de la región superior, predominando los vientos norte y noroeste hasta los primeros meses de la primavera. Gran parte del año, hasta mediados del otoño, soplan vientos de componente sur y con ellos un clima seco en ambiente soleado. Las temperaturas oscilan entre una mínima de siete grados bajo cero y una máxima de 36, con una media anual de 16 grados.

Los terrenos de Aoiz pertenecen a una época relativamente reciente, el Eoceno, pudiendo datarse entre los 50 y los 40 millones de años. Período de lenta regresión del mar en terrenos ahora continentales, y surgen las formas actuales. Son terrenos de calizas variadas, con margas azules y terrazas aluviales.

Prehistoria

Durante el Paleolítico Superior, pueblos de cazadores y colectores utilizaron los pasos pirenaicos, residieron en la zona norte de Navarra y se adentraron en las tierras llanas a través de las cuencas del Irati y Salazar. Sus inmediatos seguidores en el tiempo, los pertenecientes al Mesolítico (8.000 a 3.000 a. J.C.), iniciaron el pastoreo y domesticaron algunas de las especies que hoy nos son familiares.

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En el Eneolítico, residió en nuestras tierras el pueblo llamado pirenaico-occidental, que probablemente sea el antecesor del pueblo navarro. Sus hombres se dedicaron al pastoreo, hablando una lengua vasca preindoeuropea. Primeramente habilitaron las cuevas para su morada, pero luego asentaron sus reducidos poblados en los cerros estratégicos, sin que esto fuera óbice para que practicaran la trashumancia al compás de las estaciones del año. Este pueblo, que formó el sustrato étnico fundamental del pueblo y reino navarro, ha dejado abundantes vestigios en la zona que nos ocupa: cuevas en las

márgenes del Irati con restos humanos y cerámica, dólmenes en Urraúl, Bigüézal, etc.

Desde finales de la Edad del Bronce y durante la primera Edad del Hierro (siglos VIII al V a. de J. C.), predomina la ganadería sobre la agricultura en toda nuestra geografía. En la segunda Edad del Hierro, con las nuevas inmigraciones celtas de cultura posthallstattica, la agricultura toma la primacía en la Ribera y Zona Media, no así en esta cuenca montañosa. La agricultura se inició en Aoiz probablemente en el siglo I a. de J. C. para desarrollarse en los posteriores.

El fenómeno de la Romanización durante los siglos I al IV de nuestra Era, afectó mucho más profundamente a la Ribera y Zona Media. Las nuevas estructuras económico-sociales no llegaron a exterminar la cultura indígena vascona. Se desarrolla la agricultura en grandes propiedades o fundus y las técnicas de cultivo conocen esenciales mejoras. Al propio tiempo, se eligen terrenos más llanos para el emplazamiento de los poblados, por lo que nacen numerosas villas y aldeas con nombres patronímicos romanos, complementados con los sufijos iz, oz, año, an, ain, in.

A esta época corresponde el emplazamiento de Aoiz, que surgió, como otros muchos, por la expansión colonizadora de las villas de esta región, Liédena y Lumbier.

La Edad Media

Mientras los pastores y agricultores se disputan los terrenos, el año 408 se presentan en los Pirineos los suevos, vándalos, alanos y demás pueblos bárbaros, que terminan con el Imperio Romano. Al propio tiempo, en la zona que nos ocupa se impone el elemento rural vascón.

En los siglos V y VI nuestros antepasados amplían su independencia. Hacia el año 650 avanzan hasta el valle del Ebro, logrando el aislamiento de todo su territorio. Se encierran en sus modos de vida y en sus costumbres particulares, fundamento de su primer ordenamiento jurídico o primeros fueros.

Desde finales del siglo VI hacen frente a las presiones de visigodos y francos en el centro y sur de Navarra. En el siglo VIII aparecen los árabes, que a pesar de las continuas correrías, no logran dominar a los montañeses. La antigua merindad de Sangüesa se distinguió por sus esfuerzos en pos de su independencia. Los cronistas del siglo VIII llaman por primera vez navarros a los vascones del sur del Pirineo. Entre los caudillos indígenas se menciona a Jimeno el Fuerte y a Galindo Belascotenes. Los Jimeno mandaban en la zona de Sangüesa y los segundos, luego desplazados por los Arista, en la de Pamplona. La causa de la independencia motivó una mayor unión que cuajó en nuestro Reino de Navarra, en 824, con Iñigo Arista.

El año 924 fue funesto para esta causa independentista, pues el califa Abd al-Rahman III se adentró en Navarra destruyendo en rápida gira de castigo los poblados y quemando las cosechas. Desde Lumbier, por la margen derecha del Irati, llegó hasta Aoiz destruyendo cuanto se presentaba a su paso.
El sector oriental de nuestro reino contempló en el siglo IX una pujante renovación de los monasterios existentes anteriormente, promovida por una corriente carolingia que llega del otro lado de los Pirineos. Debido a esta corriente, a lo largo del siglo X irán apareciendo nuevas iglesias rurales y pequeños monasterios.

Entre éstos se cuenta el de San Salvador de Zalurribar, en Aoiz, situado en las proximidades del puente, en una estrecha finca a la orilla izquierda del Irati. Probablemente fue el primer centro religioso de este término. Perteneció al patrimonio real y en el año 1042, el rey García IV de Nájera lo cedieron a Fortún López, entregándoles éste el caballo de su propiedad llamado Ozzaburu (Según Moret, cabeza fría). Fortún López, con ocasión de la consagración de la Basílica de San Salvador de Leyre, el 27 de octubre de 1057, dona a Leyre dicho monasterio, según consta en los Becerros antiguo y menor de Leyre con el nombre de Zalurribar.

Baja Edad Media

Hasta finales del siglo XI prima en Navarra una organización de tipo militar. Cada región o zona está al cargo de un jefe militar, debido a la necesidad de defenderse de los probables ataques moros. Aoiz lo estaba de Sancho Sánchez, conde de Erro, emparentado con la familia real navarra.

A partir del siglo XII se flexibilizan estas estructuras y aparecen las Merindades o merinas (llamadas así por depender cada una de un merino) de la Montaña, Sang¸esa, Estella, Tudela y Ultrapuertos (La Merindad de Ultrapuertos, anexionada a Francia en el siglo XVI, se llamó desde 1407, la sexta Merindad. Hoy se la conoce como Baja Navarra o Benabarra y su capital es San Juan de Pie de Puerto). La Merindad de la Montaña se llamó también de Pamplona, desde que los reyes adquirieron en 1319 la jurisdicción sobre la ciudad. En 1407, Carlos III el Noble creó la merindad de Olite, segregando de la de Tudela varias localidades.
Aoiz quedó incluida en la organización administrativa del valle de Lónguida y merindad de Sang¸esa. Tras la supresión del Tribunal de Comptos y la creación, en 1835, de los Partidos Judiciales, Navarra quedó dividida en 5 demarcaciones, coincidentes con el contorno de las Merindades históricas, excepto la de Sang¸esa, cuya capitalidad pasó a Aoiz, según unos, por su buena posición geográfica y, según otros, por su actuación en la guerra carlista. La capitalidad de Olite se le adjudicó a Tafalla.

En julio de 1362, los labradores de Aoiz y los del valle de Arce se libraron de ir a la guerra contra Aragón, mediante el pago de 42 libras de carlines prietos. La guerra contra castilla, funesta para Navarra, no lo fue menos para Aoiz, que vio cómo los castellanos incendiaban la villa. De la iglesia románica se salvó únicamente la torre. En el templo había depositado el notario y clavero Semén Sánchez de Aoiz 40 cahíces de avena, de la pecha del monarca, que fueron pasto de las llamas, sin que Carlos II exigiera su reposición. En enero de 1379, septiembre de 1385 y agosto de 1386 visitó Carlos II, Aoiz, expidiendo en ella varios documentos y concesiones.

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Su hijo y sucesor Carlos III se mostró benévolo con los vecinos de Aoiz. Hallándose presente en 1388, pidió información sobre la dispensa concedida por su padre del pago de 70 florines a los privilegiados francos de la localidad, comerciantes acomodados descendientes de extranjeros. En 1390 y 1395 dispensó a los hidalgos, clérigos, y labradores del pago de un cuartel, en atención a los tiempos difíciles y daños de la piedra en las viñas. Un dato de 3 de febrero de 1391 nos revela que el escanciador adquirió en Aoiz 20 cargas de vino para la mesa del rey.

En 1391, previa solicitud del concejo de Aoiz, Carlos III le adjudicó los términos de Guenduláin y Equíe, despoblados por la peste negra, con la condición del pago de cinco cahíces de pecha anual. A Guenduláin pertenecía la antigua ermita de San Román, al sur de Aoiz y lindante con Aós. En la Sección de Comptos de 1800 leemos: Despoblados de Guenduláin y Equíe, de Aoiz como en 1534 y sin edificio alguno. A pesar de esta aclaración, ha perdurado hasta hoy la ermita de San Román.

El mismo rey Noble, el 4 de septiembre de 1424, favoreció a los vecinos de Aoiz con un especial privilegio en atención a su fidelidad en las guerras, en que se defendieron con gran esfuerzo ante sus enemigos. Dispuso que sean reputados por infanzones, hijosdalgos, francos y quitos (libres) de toda servidumbre real e imperial, lo mismo que otros privilegios del Reino. Juan II confirmó esta concesión en 1429.

El Libro de Fuegos de la merindad de Sang¸esa de 1428 contiene datos más completos. Aoiz figura encabezando los pueblos del citado valle. El censo de habitantes lo componÌan tres jurados, 50 vecinos o familias, de ellas 12 de hidalgos, y 8 de impotentes. Era vicario don Pedro Périz de Roncesvalles. Hay además seis clérigos-beneficiados, dos de ellos abades de Zazpe y Larrángoz.

Aunque, por lógica, el censo de 1428 debería haber superado al de 1366, no obstante, las mortandades de hacia 1400 habían hecho que desapareciesen 46 familias. Los testigos manifiestan ante los delegados del rey que pagan 117 cahíces de trigo de pecha anual. Se declara que recolectan pan y vino para su provisión y que hay unos molinos concejiles. Para sostener sus ganados tenían que comprar provisiones, sin que contasen con ganancias de las hierbas.

Florecimiento

La segunda mitad del siglo XV fue de aflicción para Navarra. La guerra civil entre don Carlos Príncipe de Viana, y el rey Juan I de Navarra y II de Aragón, sembró nuestra geografÌa de luchas y muertes. Los beaumonteses defienden la causa del Príncipe; los agramonteses luchan a favor de don Juan, quien a la muerte de la reina doña Blanca, no quiso instituir en el trono al primogénito Carlos, ni a la muerte de éste (1461) a la prima doña Blanca, ni desde 1464 a doña Leonor.

Pamplona y la mayoría de los valles de la montaña fueron afectos al Príncipe. Otro tanto ocurrió con el valle de Lónguida, pero no con Aoiz, fiel a don Juan. Don Carlos había visitado Aoiz en 1442 y parece ser que don Juan lo hizo en 1450, ya en plena lucha. A la causa inicial de la contienda se unieron pronto otros intereses particulares, pretensiones de nobles, miras egoístas, luchas de bandos, etc. Las luchas se prolongaron hasta la muerte de don Juan y de su hija doña Leonor, reina de hecho desde el 28 de enero al 12 de febrero de 1479.

Los inicios de la paz fueron motivo de grata esperanza para todo el reino y en especial para Aoiz. La princesa doña Magdalena, madre y tutora del rey niño Francisco Febo, reunió en términos de nuestra villa a los principales jefes de agramonteses y beaumonteses. En presencia de la princesa clavaron sus espadas en el suelo, en señal de paz. Suele afirmarse comúnmente que esta escena se desarrolló ante la ermita de San Román. Firmaron la paz el marqués don Pedro de Navarra por los agramonteses y el conde de Lerín, don Luis de Beaumont, por los beaumonteses.

Doña Magdalena despachó siete documentos con fecha 17 de septiembre de 1479, uno de ellos de especial significación para la villa en que acababan de firmarse las paces: Recordando la paz general que se firmó en Aoiz después de 30 años de lucha, hace a este pueblo Buena Villa con asiento en Cortes y a sus vecinos ruanos, francos y exentos de toda servidumbre. Les concede que puedan tener almirante perpetuo y alcalde, perpetuo o anual a voluntad de los vecinos; igualmente concesión de mercado el primer jueves de cada mes y ferias anuales por San Miguel.

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En el Archivo General de Navarra se guarda otro documento firmado en Pamplona el 16 de enero de 1480, por el cardenal-infante don Pedro de Foix, virrey o gobernador del Reino y hermano de doña Magdalena, que dice entre otras cosas: Considerando que mediante la gracia divina, la paz e reposo daqueste reyno fue tratada, concluida e firmada en la villa de Aoiz, firma el nombramiento de primer Almirante de Aoiz a favor del escudero Pedro de Balanza, que se había distinguido en los servicios prestados al rey y a la princesa. Este nombramiento fue ratificado el 18 de agosto de 1489 por los reyes don Juan de Albret y doña Catalina. En 1494 eligieron alcalde entre una terna propuesta por la villa.

Con todas estas concesiones, Aoiz se disgregó de la organización del valle de Lónguida, adquiriendo una mayor autonomía administrativa y judicial a tenor con su nueva categoría de Villa.
El escudo de Aoiz data de 1479 y representa, en campo de gules, una corona de oro alzada entre dos espadas de plata guarnecidas de oro. El color rojo o gules es símbolo de ayuda y protección a los débiles y subordinados, como corresponde a las buenas personalidades y dignas autoridades. Los demás elementos del escudo hacen referencia al tratado de paz entre agramonteses y beaumonteses por mediación de la potestad real.

El derecho de representación o asiento en Cortes, concedido a la Villa de Aoiz dentro del brazo de las Universidades en 1479, fue ejercitado con normalidad y diligencia por los representantes o diputados designados al efecto. El 22 de enero de 1494, los reyes de Navarra determinaron el puesto a ocupar y se les señaló el escaño junto a los de Lumbier, que siguieron utilizando sin oposición alguna. En las mismas Cortes de 1494, los representantes de Aoiz y de otras villas, ante la falta de asistencia de muchos municipios ante los continuos requerimientos, manifestaron que no entenderemos juntarnos con aquellos que voluntariamente se han querido separar de nosotros. En las de 1504, cuando vuelve a producirse la inasistencia de varios procuradores, se halla presente el de Aoiz. Respecto al reparto de gastos por la venida de los reyes de la Baja Navarra a Pamplona, se acuerda que no se obligue a los de Aoiz a pagar más de lo que les correspondía.

En las Cortes de 1525, ocupa la villa el 12º lugar. En las de Estella de 1567, eleva, junto con otras villas, una propuesta contra la ley prohibitiva de caza, que suponía perjuicio a sus privilegios. En las de 1589, vuelven a quejarse, esta vez porque no se habÌa respetado el derecho de sus representantes a sentarse después de los de Lumbier, como ya había quedado establecido. Con constancia y positivas intervenciones, participaron en las Cortes de Navarra hasta las últimas de 1828-1829, y en las que solicitaron para su villa un mercado semanal.

Edad Moderna

Jalón inicial de esta Edad en Navarra fue la ocupación de nuestra tierra por las tropas castellanas del duque de Alba, en julio de 1512, según disposición de Fernando el Católico. En un primer intento de recuperación, el rey don Juan, con la ayuda del rey de Francia, reunió un numeroso ejército. Pronto se le unieron varios pueblos y valles que llegaron a cercar la ciudad de Pamplona en noviembre de 1512. En este ejército formaban parte compañías bearnesas, que fueron deshechas en los campos de Aoiz, a principios de diciembre, por los beaumonteses del conde de Lerín.

Las Cortes de Castilla reunidas en Burgos en junio de 1515, acordaron la incorporación del Reino de Navarra a la corona de Castilla. Despues de los intentos reivindicativos de doña Catalina (1516) y de su hijo don Enrique (1521), los ánimos se calmaron. Bajo el reinado de los Austrias, Navarra conoció un notable resurgimiento en todos los Órdenes. Siguió siendo independiente, con autonomía política, administrativa y judicial, conservando su constitución de derecho foral con los supremos organismos autónomos del Reino. Durante más de tres siglos siguieron celebrándose las Cortes de Navarra, que trataban los asuntos del reino y se oponÌan a las arbitrariedades de los monarcas castellanos. En ellas prestaban juramento a los reyes de España los distintos estamentos, titulándolos y recibiéndolos como propios. Monarcas y virreyes juraban a su vez defender y mejorar nuestros fueros. Igualmente, siguió la acuñación de moneda propia. Los reyes españoles reciben el número de orden que les corresponde en Navarra: Carlos I de España y IV de Navarra y Felipe II de España lo es IV en Navarra.

Con motivo de la guerra de Sucesión se pidió a Aoiz, en 1706, relación de gente apta para el manejo de las armas. Los ejércitos de la Gran Alianza, favorables al archiduque, penetraron por el este de Navarra, que permaneció fiel al aspirante Borbón. En 1710, los de Aoiz presentaron un memorial comunicando que los enemigos habían llegado hasta Gallipienzo. Al poco tiempo se acercaron hasta la villa y el cercano Urroz, siendo luego rechazados por la acción del conde de Melún.
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Hasta el año 1757 perduró el sistema de concejo abierto para la administración municipal, con voz y voto de todos los vecinos. En dicho año, la villa pidió a las Cortes la constitución de la veintena, que quedó establecida en adelante.

En el siglo XVII no existía en la villa escribanía o notaría, aun cuando existían dos en Sang¸esa, dos en Lumbier y una en Arce. A fines del siglo XVIII se consigna la de Aoiz, que adquiere extraordinaria importancia desde que la villa se constituye en cabeza del partido judicial. Se archivaron largas series de protocolos de diversas notarías de esta merindad. En 1975 han sido ordenados y trasladados al correspondiente archivo de Pamplona, excepto los corrrespondientes a los cien últimos años.

En 1790 Aoiz, Sang¸esa y otros valles y pueblos de la comarca, solicitaron que el camino real se hiciese por esta zona, inmediatamente después del de Logroño.
La guerra contra la Convención supuso el choque de dos ideologías. Los navarros lucharon heroicamente, con espíritu de Cruzada, contra los revolucionarios enemigos del Altar y del Trono y de todas las tradiciones. A lo largo del verano de 1794, el ejército revolucionario causó los mayores estragos en el norte de Navarra: saqueo de pueblos, incendio de iglesias y poblaciones enteras, asesinatos del personal civil, etc. Llegaron hasta Aoiz, donde con los mismos procedimientos inhumanos, robaron, destruyeron y se llevaron cuanto pudieron. Por ello, en 1797 dirigieron una súplica a la Diputación pidiendo exoneración de pago del donativo por lo que padeció en esta guerra contra Francia. La Diputación atendióla súplica y les eximió del pago de 1.428 reales. Igual gracia obtuvieron en 1801, en atención a los daños producidos por el pedrisco y las heladas.

Edad Contemporánea

Al grito de la Patria está en peligro, los patriotas se alzaron en bloque contra los invasores franceses. En Madrid se distinguió como pocos un hombre que llevaba apellido originario de nuestra villa: Luis Daoiz Torres.

En noviembre de 1808, la Diputación dirigió una proclama al pueblo navarro, invitándole a luchar contra el francés, porque la Religión, el Rey y la Patria están en peligro. Por encargo de la misma Diputación, el general inglés Doyle efectuó un reconocimiento de la zona Aoiz-Lumbier a fin de preparar la resistencia. Nuestra villa no tardó mucho tiempo en caer en manos de los invasores, quienes utilizaron una fundición de hierro para elaborar bombas y armamento.
Muchos fueron los vecinos de Aoiz que se unieron voluntariamente al Corso Terrestre dirigido por Javier Mina. Los que se quedaron en la Villa hubieron de soportar innúmeros padecimientos en todos los Órdenes. Se les impusieron fuertes aportaciones monetarias y de víveres, mientras que el personal civil con familiares en la guerrilla se vio sometido a las mayores vejaciones y represalias. Muchos fueron los fusilados, encarcelados o deportados a Francia.
Las Cortes de Cádiz (1812) y la Constitución de 1820, propugnaron un ideario liberal, revolucionario y antiforal. Decretaron la supresión de los organismos autónomos y forales de Navarra, sin tener en cuenta la Historia y Derechos del viejo reino. Las Cortes de España de 1820 expidieron un decreto-proyecto sobre la división provisional de Navarra en siete partidos judiciales, uno de ellos con capitalidad en nuestra villa. En 1821, don José Beortegui fue nombrado juez de primera instancia para el partido de Aoiz.

En 1835, al establecerse la audiencia territorial de Pamplona y los cinco partidos judiciales de Navarra, quedaron suprimidos los tribunales de justicia (de Consejo y Corte) que habían funcionado hasta entonces. Debido a su emplazamiento céntrico, Aoiz fue elegido por cabeza del partido judicial más extenso, coincidiendo sus límites, en general, con los de la antigua merindad de Sang¸esa.

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Los motivos de la Primera Guerra Carlista (1833-1839) no hay que buscarlos únicamente en la cuestión dinástica, de carlistas contra isabelinos. Hay una motivación ideológica más profunda, que afecta a España desde los tiempos de la Revolución francesa. Jalones de este proceso fueron las Cortes de Cádiz con su constitución, y la reacción realista. Navarra, católica, tradicionalista y foral, apoyó la causa de Carlos V y luchó contra los liberales y su programa revolucionario, tan copioso en palabrería liberal como contrario a las legítimas libertades, ideales religiosos y a las jurídicas instituciones forales.

En enero de 1834 defendía la fábrica de armas de Orbaiceta su director, el coronel isabelino Bayona, natural de Aoiz. El día 17 del mismo mes se rindió a Zumalacárregui. Este genial general carlista, lograda la adhesión de los aezcoanos a finales del mes, arrastró a su causa a nuestra villa.

Al final de la contienda se pactó la ley de 1841. Hasta entonces, el alcalde de Aoiz era nombrado por el virrey entre los componentes de una terna propuesta por la villa. Esta terna de candidatos era elegida por sorteo entre los vecinos insaculados. Cesó esta normativa tradicional a causa de los nombramientos de ayuntamientos constitucionales (1836) y la Ley de Ordenación de Ayuntamientos (1845), quedando a salvo la autonomía administrativa, bajo la normativa de la Diputación Foral.

Desde principios de 1863 tiene vigencia en Aoiz el Registro de la Propiedad para el territorio de este partido judicial. Por estas mismas fechas, según anotaciones del príncipe Luis Luciano Bonaparte, la villa se cuenta entre las poblaciones de mínima intensidad de la lengua vasca. En la primera inscripción de fincas en dicho registro figura una amplísima relación de topónimos, vascos en su mayoría. Casi todos se conservan en el día de hoy.

La Tercera Guerra Carlista (1872-1876) tuvo su inicio en la reacción frente a la constitución de 1869, la más liberal de todas. Desde el inicio de las hostilidades, los liberales se establecieron en Aoiz con diversos contingentes de tropas. Los libros de cuentas de los pueblos vecinos acusan una larga relación de víveres y aportaciones pecuniarias a las tropas de uno y otro bando, A veces reseñan que han tenido que entregar por la fuerza las cantidades exigidas por los liberales. En nuestra villa faltan todos estos datos por haberse quemado en casa del regidor, entre otros, el libro de Cuentas y Propios. Años más tarde, el Estado impuso cuantiosas exacciones por lo que no se había aportado antes a las tropas constitucionales.

En 1873, los carlistas bloquearon la villa, situando sus cañones en la última colina al sur de Autzola. Desde entonces le ha quedado a esa cumbre el nombre de La Cañonera. La suerte de las armas liberales se volvió adversa y tras la memorable victoria del general carlista Pérula en Lumbier, en el verano de 1875, los liberales debieron retirarse de la zona. En nuestra villa, la asociación carlista de La Caridad estableció un hospital, el quinto en importancia de los 22 que funcionaron para asistencia a heridos y enfermos.